Bienvenidos a mi blog
Hace tiempo que le estaba dando vueltas a la idea de iniciar un blog y lo que es más importante, asumir su actualización con cierta asiduidad. Pero resulta complicado. Con el paso del tiempo esa idea dejó de ser una intención. Poco a poco comencé a darle forma hasta llegar a este punto en el cual este proyecto adquiere casi un caracter terapeútico, de expresión abierta y desahogo. En definitiva, una forma de encontrarme conmigo mismo.
Hay un extraño concepto que ha ido madurando en mi interior y ha terminado por desconcertarme. Me surge en el momento en que me planteo seriamente la educación de mis hijas. Me voy dando cuenta como van aprendiendo a contentarnos a los demás con tal de conseguir sus propósitos, disfrazando en muchas ocasiones sus opiniones e intereses, camuflándolos cada vez con mayor maestría hasta que de ninguna de las maneras eres ya capaz de darte cuenta.
Y aquí está el problema. Están aprendiendo a ser correctas pero ¿qué hay de lo que realmente piensan, opinan o sienten si están adquiriendo la capacidad de ignorarlo con tal de conseguir lo que quieren o no recibir el rechazo explícito o la reprimenda de los demás? Descubren como salirse con al suya con una habilidad extraordinaria pero ¿a costa de qué? ¿de su propia integridad? ¿de enterrar sus emociones?
En definitiva, ¿somos quienes creemos que somos? o más bien ¿somos quienes hemos aprendido a ser para conseguir nuestros objetivos y esquivar los varapalos del destino?
Creo que resulta bastante evidente lo segundo, y a priori también parece totalmente lícito, pero si lo pensamos bien esto explica tanta incongruencia, tantos actos incoherentes que rodean nuestras vidas. Cosas que no conseguimos explicar, a lo que no damos crédito. Contínuas decepciones, personas que nos defraudan sin poder comprender como hemos podido estar tan confundidos. Pero la verdad es que ni ellos mismos saben quiénes son y el por qué de sus actos en muchas ocasiones.
Somos, en multitud de circunstancias, personalidades falseadas (que no es lo mismo que falsas), hipócritas sin descubrir que hemos sabido ponernos el disfraz de seres sociales y correctos y hemos establecido nuestros pilares sobre manidos preceptos morales totalmente artificiales y ajenos realmente a nuestro propio carácter (real, individual y colectivo).
Como seres vivos necesitados de contínuos aportes energéticos hemos descubierto mediante el uso de nuestro intelecto que no solo el alimento nos proporciona esa energía sino que saber absorber la energía de los demás puede resultar también muy reconfortante y placentero. Pero en la mayoría de los casos ni siquiera somos conscientes de esto. Aprendimos a hacerlo desde pequeños. Cada uno adquiere sus propias artimañas para ello (intimidación, lástima, control..etc..) pero las entrenamos desde niños con nuestro entorno, familiares, amigos, profesores al igual que ellos ponen en práctica sobre nosotros sus técnicas ya más depuradas y eficaces con las que de una manera u otra logran manipularnos la mayoría de las veces.
Al final todo se reduce a una gran batalla. La lucha por la energía para conseguir el poder, la capacidad de manipulación y de control sobre todo lo que nos rodea y que nos da tranquilidad y estabilidad para sabernos a salvo de todo peligro, pero esto, lejos de acercarnos a la serenidad, nos aleja cada vez un poco más, sumergiéndonos en ocasiones en una espiral de estrés y ansiedad que nunca acaba.
El camino de la serenidad pasa por la contemplación de nuestra realidad tal y como es, y ser capaces de disfrutar de todos aquellos momentos, circunstancias y situaciones preciosas en si mismas, escondidas tras la sonrisa de un niño, en un bello paisaje o en la consecución de un logro cuyo esfuerzo al final mereció la pena. Conceptos tan ñoños y cursis para muchos que cada vez los vamos pronunciando en un tono más bajito pero que son la base de todo y están intimamente conectados entre sí: la belleza, el amor, la energía, la generosidad…
En el momento que seamos capaces de absorber la energía de toda esa belleza que constantemente nos rodea podremos prescindir de todos esos hábitos mezquinos con los que intentamos extraerla de los demás. Pasaremos entonces a una nueva etapa, en la que por el contrario, alcanzaremos una actitud mucho más generosa y seremos nosotros los que proporcionemos dicha energía a todos los que nos rodean. De este modo, contribuiremos intensamente a su felicidad y también, de manera refleja, a la nuestra.
Aquí es dónde más cerca se encuentran los conceptos de energía y amor y donde todo adquiere un caracter más místico y sutil, pero no nos confundamos, no es mi intención hablar de religión, ni de Dios, porque como en tantas otras cosas, la fe es algo íntimo que pertenece al ámbito de cada individuo y se engloba en su interioridad.
Y cada cual sabrá en qué cree (siendo además totalmente libre para ello).

1ªREVELACIÓN: Una masa crítica
Esta revelación, inconscientemente al principio, siempre emerge como una profunda sensación de desasosiego. Empezamos a vislumbrar un género alternativo de experiencia, momentos de nuestras vidas que de algún modo nos parecen más intensos, más inspiradores. No sabemos qué experiencia es ni cómo hacerla durar, y cuando termina nos deja un sentimiento de insatisfacción y de inquietud ante una vida que vuelve a parecernos normal. Estamos al fin adquiriendo conciencia de qué es lo que realmente buscamos, de qué es de verdad esa otra experiencia satisfactoria. Cuando lo captemos plenamente habremos llegado a la primera revelación.
La primera revelación ocurre cuando tomamos conciencia de las coincidencias que se dan en nuestras vidas. Tales coincidencias se producen cada vez con más frecuencia, y cuando ello ocurre tenemos la sensación de que son cosas situadas más allá de lo que podría considerarse mera casualidad; entendemos que son los elementos del destino, como si nuestras vidas hubieran sido guiadas por una fuerza inexplicable. La experiencia produce una impresión de misterio y excitación, y, como resultado, nos sentimos más vivos.
El número de personas que son conscientes de tales coincidencias comienza a crecer espectacularmente en la sexta década del siglo veinte. Este crecimiento seguirá en alza hasta una fecha próxima al inicio del siglo siguiente, momentos en q estos individuos alcanzarán un nivel específico, una densidad demográfica como lo que los físicos llaman “masa crítica”. Una vez alcanzado este punto, las culturas comenzarán a tomarse en serio las experiencias coincidentes. Todos se preguntarán simultáneamente qué misterioso proceso se desarrolla en este planeta debajo de la vida humana. Será esta pregunta formulada al mismo tiempo por un número suficiente de personas, la que permitirá que las demás revelaciones lleguen también a las conciencias.


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